Escalera al cielo
Javier Ledo · 5 de julio, 2026

Cuando uno se para delante de una escalera así ya no está mirando arquitectura. Está mirando el tiempo.
Y él lo supo. Supo que esos peldaños torcidos los habían subido cientos de pies durante décadas. Gente cargando la compra. Niños bajando corriendo, a saltos, sin miedo a caerse. Viejos parándose a la mitad, con una mano en la barandilla, a recuperar el resuello. Cada escalón desgastado es eso: una biografía. El roce paciente de una vida entera de idas y venidas.
Había algo en esa luz de última hora que volvía sagrado lo humilde. La cámara fue solo el pretexto, ¿verdad? La excusa para detenerse un segundo y decir: mira, esto también merece quedarse.
Porque no hay nadie en la foto. Nadie. Y sin embargo está llena hasta arriba de presencias. Se oyen puertas cerrándose, una radio a lo lejos, alguien recogiendo esa ropa antes de que caiga el relente. Es un rincón de pueblo marinero que nadie fotografía, porque nadie lo mira… y él lo miró. Con ternura, casi con respeto. Como quien entiende, de golpe, que la belleza no siempre está en lo grande ni en lo que sale en las postales.
A veces está justo aquí. En una escalera vieja y un poco fea que, tozuda, sigue subiendo hacia el sol.
Bermeo – País Vasco
Latitud 43º 25′
“Todas las imágenes están protegidas por derechos de autor.”
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