
Hay lugares que parecen hablarnos en voz baja, como si supieran lo que llevamos dentro. Este sendero, envuelto en verdes susurros y luz tamizada, me recuerda a esos momentos en que uno camina no para llegar, sino para sentir. Hay algo en la textura del silencio, en el crujir leve de las hojas bajo los pies, que invita a la introspección, a la ternura sin palabras.
Aquí, en esta pausa del mundo, uno puede encontrarse con lo que no se dice. Con los recuerdos que vuelven sin pedir permiso, con las emociones que se acomodan entre los árboles. Es un rincón que no exige nada, solo presencia. Y en esa presencia, todo se vuelve más claro, más suave, más verdadero. Como si el bosque supiera que a veces, lo más íntimo no se grita: se respira.
País Vasco – Rincón en el bosque
Latitud 43º 12′
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