
Ella caminaba despacio por la orilla, dejando que el agua le rozara los tobillos como si el mar quisiera convencerla de quedarse. Él la esperaba junto a aquella roca angular, esa que parecía haber sido tallada por el mismo deseo que lo habitaba.
Cuando sus miradas se encontraron, no hizo falta elevar la voz. Solo dijo:
—Si este lugar pudiera hablar, te diría cuánto te he esperado.
Ella sonrió, y el viento pareció detenerse un instante, como si también quisiera escuchar lo que vendría después.
Fuerteventura – La Pared
Latitud 28º 11′
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