
La flor del platanero cae como un corazón púrpura suspendido en el aire, pesada y silenciosa, marcando el ritmo oculto de la vida vegetal. Sus brácteas, como capas de terciopelo, se abren con una solemnidad casi ritual, protegiendo el nacimiento del fruto. Entre verdes intensos y sombras suaves, la imagen transmite una sensación de fertilidad, paciencia y tiempo lento, recordándonos que la abundancia comienza siempre en lo invisible.
Fuerteventura – Tetir
Latitud 28º 31′
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